El eterno complot

Qué tal. Supongo que la mayoría de ustedes (al menos mis lectores mexicanos) saben que el pasado domingo se celebró el primer encuentro mediático entre los cuatro candidatos a la Presidencia de la República para las elecciones del próximo 1° de Julio. Independientemente de las circunstancias alrededor del mismo (por ejemplo, que se haya transmitido un partido de futbol a la misma hora en un canal de televisión de mayor audiencia), creo que todos estamos enterados de alguna manera de lo que sucedió.

Primero que nada, hay que aclarar que el encuentro entre los candidatos fue definido como un debate. En un debate usualmente uno discute con otras personas interesadas sobre distintos temas, en donde cada uno expone sus puntos de vista a lo largo de varios turnos. Desgraciadamente la etimología de “debate” no le ayuda a la hora de definir el alcance que debe tener un encuentro de este tipo, como lo menciona Marcelo Jelen en su columna “Imagen versus concepto en los debates televisivos“:

La palabra “polémica” tiene su raíz en la griega “pólemos”, que significa “guerra”. Y “debate” es hermana de “combate”: la palabra latina “debattuĕre” (“golpear”) es madre de ambas. Las polémicas y los debates por televisión son eso: más que confrontar ideas, los contendientes procuran anular al contrario.

Lo cual es bastante lamentable ya que en la transmisión de la que varios fuimos espectadores ese día, 2 de los candidatos se empeñaron más en hacer ver mal al candidato puntero que en realmente resaltar lo que pueden hacer mejor que él sin señalarlo. Sólo uno de los “combatientes” (usando la etimología anterior) se concentró en exponer sus propuestas de forma constante y sin recurrir a los ataques personales.

No he negado, ni negaré, que el Partido de la Revolución Democrática (PRD) no es objeto de mi devoción. En primera instancia, entre sus filas tiene a algunas “joyitas” que formaban parte del Partido Revolucionario Institucional (PRI) como Manuel Camacho Solís (se rumora que tuvo que ver con la “caída” del sistema de 1988 que tanto critica su partido actual), Porfirio Muñóz Ledo (quien probablemente al no recibir más “huesos” en el sexenio de Carlos Salinas se volvió disidente, así como lo hizo con Vicente Fox al apoyarlo en el 2000 y luego salirse unos años más tarde para regresar al PRD) y más recientemente a Manuel Bartlett (otro que no le ha tocado “hueso” y que se rumora que también tuvo que ver algo con lo de 1988), por lo que su postura no se me hace muy congruente. ¿Critica al PRI de todo y tiene entre sus filas a ex-miembros de ese partido con una trayectoria cuestionable?

En segunda instancia, también tiene entre sus filas a personajes como René Bejarano, quien saltara a la “fama” (o infamia, más bien) en el 2004 al ser expuesto en vivo en un programa de televisión a nivel nacional participando en un acto de corrupción digno del ex-mandatario estadounidense Richard Nixon, donde los billetes ya ni le cabían en el portafolio y se los empezó a guardar en las bolsas del saco de su traje. Lo peor del caso es que la gente, lejos de indignarse por eso y condenarlo, hasta lo fueron a recibir con carteles y ovaciones de apoyo afuera del centro penitenciario donde se encontraba recluido por ese delito al ser liberado apenas 7 meses después de ser condenado, mientras que Carlos Ahumada, el empresario que proporcionó los medios para exponerlo junto con Carlos Imaz (delegado del PRD en Tlalpan en esa época) y el entonces diputado federal Gustavo Ponce, también del PRD; cumplió una sentencia más larga en prisión. Irónicamente, una de las pocas integrantes de ese partido que me parecía más o menos decente, la ex-Jefa de Gobierno del Distrito Federal, Rosario Robles; también sufrió las consecuencias de esos escándalos al revelarse la relación íntima que mantenía con Ahumada en las acusaciones hechas por los políticos afectados por las revelaciones del empresario.

En tercera instancia, nombra como su candidato presidencial (por segunda vez) al señor Andrés Manuel López Obrador, quien ocupara el cargo de Jefe de Gobierno después de la salida de Robles en el año 2000 y que durante su gestión se presentaron los escándalos antes mencionados poco después del “Nicogate” (nombrado así por los medios de comunicación, haciendo referencia al escándalo de Watergate que se desarrolló precisamente durante el mandato de Nixon), en donde se descubre que el chofer de este señor (de nombre Nicolás Mollinedo) que se jactaba de la austeridad en su gobierno y en su vida privada, ganaba ni más ni menos que la cantidad de 62 mil pesos mensuales como sueldo (como referencia, una persona que ganaba el salario mínimo en aquel entonces hubiera tenido que ahorrar su sueldo mensual íntegro durante más de 3 años y medio para ganar lo que ganaba Mollinedo en un mes) . Poco después de la revelación, el Sr. López se empeñó en señalar ante los medios de comunicación que Mollinedo, además de ser su chofer también se desempeñaba como su Coordinador de Apoyo Logístico. Que tiene que ver uno con el otro no me queda muy claro, pero esa fue la explicación que dio el señor y que mucha gente se tragó. También se reveló que “Nico” se encontraba laborando para el Sr. López por nepotismo, haciéndole “un favor” a los padres de Mollinedo quienes conocían al político tabasqueño desde sus gestiones en ese estado. Entonces resulta que además de pagarle una cantidad estratosférica a alguien que sólo se empeñaba en llevar al Sr. López del punto A al punto B, también se le contrató no porque fuera el más apto para el puesto sino como mero “favor”.

Aquí cabe señalar algo y que tiene que ver con el título de este artículo. Justo después de estos sucesos y en lugar de admitir los hechos, el Sr. López se empeñó en decir que todo esto se trataba de un “complot” para desprestigiarlo. Que según había un grupo “de la ultraderecha” (casi siempre representado por el entonces presidente de la República, Vicente Fox, del Partido Acción Nacional (PAN)) que quería manchar su nombre para que no pudiera continuar con su “proyecto” y que bajara su popularidad (esto es clave, ya que siempre le ha dado suma importancia a su imagen y a las encuestas). Hablando del “proyecto” del Sr. López, aquí hay otro dato curioso ya que él mantuvo durante cierto tiempo que no iba a postularse “para la grande” y que lo “dieran por muerto”, y como ya habíamos mencionado, siempre se preocupó por su popularidad. Cuando comenzaron a salir a la luz estos escándalos, el Sr. López también comenzó a criticar a la entonces primera dama Marta Sahagún, quien gozaba de enorme popularidad y se perfilaba como pre-candidata del PAN a la presidencia en el 2006, a la que finalmente renunció a raíz de los ataques, burlas e insultos a su persona. Como mencionó Aminadab Pérez Franco en su publicación en febrero de 2004:

Resultan perfectamente criticables la precampaña anticipada, la situación de Marta Sahagún como esposa del Presidente Fox, la equidad y la congruencia, las cuentas de Vamos México, los reglamentos internos del PAN; podemos también disgustarnos con varias de sus actitudes y palabras; pero negarle a Marta inteligencia, lucidez, voluntad, el ejercicio de su libertad como ciudadana y casi su condición de ser humano racional, no es sino un pisoteo denigrante a su dignidad personal el cual no refleja el modelo de libertad de expresión y de sociedad abierta y respetuosa que la mayoría queremos vivir en nuestro México.

Esta situación es lamentable y no por la notoria falta de oficio y sutileza política con que se manejan los protagonistas de la sucesión adelantada, sino porque al repasar opiniones previas de varios escritores quienes se ensañan hoy contra Marta Sahagún, encontramos apasionados elogios a quien llaman “El Lula Mexicano”, Andrés Manuel López Obrador, cuyas conductas análogas a las de Marta son interesadamente pasadas por alto

Eso es curioso porque empieza a sonar como lo que sucede hoy en día entre el Sr. López y su campaña de desprestigio hacia Enrique Peña Nieto, el candidato del PRI para las actuales elecciones. Y si seguimos leyendo el texto de Pérez Franco, nos seguimos encontrando con cosas similares:

Dicen que Marta se beneficia de “entrevistas zalameras” y de la gran pantalla de Televisa, pero la zalamería de las conferencias matutinas y los noticieros mañaneros les pasa desapercibida.

Insisten en que para cada crítica Marta tiene una respuesta prefabricada: de un lado están quienes la quieren y del otro lado los misóginos; sabemos bien que para cada ataque, López Obrador tiene un insulto prefabricado: de un lado está la esperanza y el proyecto alternativo de nación que él representa y del otro los pirruris, los ratas, los corruptos, los hipócritas, el hampa política, los grupos mafiosos, los beneficiarios del FOBAPROA, los enemigos del pueblo, el PRIAN y “el innombrable”.

Y esto es muy cierto hoy en día. En el debate del pasado domingo, el Sr. López se la pasó hablando de cómo quería informar a la gente sobre las “mentiras” de Peña Nieto y de cómo tenía comprados a los medios de comunicación, en especial a Televisa, pero nunca se le ha cuestionado (ignoro porqué) el ejercicio que realizaba todas las mañanas para alimentar su ego al recibir a los medios en el Palacio del Ayuntamiento para sus conferencias matutinas. También hay que resaltar que se supone que el señor fue a un debate a exponer puntos de vista y propuestas sobre los temas que se iban a tratar, no para “informar” a la gente de algo que bien pueden averiguar por ellos mismos si así lo desearan. Que haya gente que tenga pereza para realizar su propia investigación no quiere decir que sean estúpidos y que tenga que venir alguien a “informarles”. También se la pasó culpando a un “grupo”, los de “arriba” y al ex-presidente Carlos Salinas (ya agarró la confianza para “nombrarlo” al fin) de todos los problemas que aquejan al país y que sin embargo él no ha expuesto claramente ni en detalle como planea resolverlos y la viabilidad de su plan.

Finalmente, encontramos estas similitudes:

El espectáculo de Marta es grotesco, hay Marta por doquier y hasta en recetas de cocina; debemos suponer entonces que la sobreexposición de López Obrador es un ejemplo de serenidad gubernamental, sobre todo con los acarreos a la antigua, con los baños de pueblo, con la represión a inconformes, con los insultos a sus críticos y con los balbuceos de su conferencia matutina repetidos hasta el infinito.

Hace 10 años Marta no era nadie y ahora goza del ejercicio del poder: hace 15 López Obrador como priísta votó por Salinas y ahora no se quita de la cabeza “al innombrable”.

Coincido en que la publicidad de Peña Nieto está por doquier, pero también lo está la publicidad del Sr. López. No sólo por su partido (el PRD) sino también por los otros partidos afines a su postura (o sea, que también quieren su pedazo de pastel) como el Partido del Trabajo (PT) y el Movimiento Ciudadano (que antes era Convergencia y que sigue sin quedarme claro qué es lo que representa). Literalmente a donde volteo a ver en el metro y en las calles veo su cara. Hubo un tiempo en que había más pancartas del PT sobre el Eje 3 Oriente que alumbrado público, a tal grado que había pancartas del PT cubiertas por… ¡más pancartas del PT!

Lo más curioso del caso, y que demuestra la poca capacidad del Sr. López para buscar soluciones en lugar de generar polémica, es que nunca deja de mencionar a Carlos Salinas a pesar de que él formó parte de esos gobiernos “ladrones” y “corruptos”. También culpa a esas administraciones de “ignorar” a ciertos sectores de la población cuando él ignoro los llamados por la paz y la seguridad en la megamarcha que se llevó a cabo en la ciudad en la segunda mitad del 2004.

Cuando el Sr. López perdió las elecciones en el 2006, inmediatamente dijo que se trataba de un fraude y que el “complot se había consumado”. Llamó a la gente a levantarse en contra y a demandar un “voto por voto” porque las encuestas (si, volvemos a las encuestas) decían que él tenía todas las de ganar. Llamó a mítines y el grupo de gente que se encontraba a su lado (en especial Carlos Imaz y René Bejarano, quienes siguen en su actual campaña presidencial y de los que nunca se ha distanciado a pesar de que él dice que es muy honesto y que no va a admitir corruptos en su gabinete) tomó el Zócalo y una de las principales avenidas de la ciudad como cualquier secuestrador toma a un rehén hasta que no se cumplan sus demandas. Mandó al diablo a las instituciones (mismas que ahora utiliza para volver a contender por la presidencia) y en general levantó enormemente las tensiones en un país que estaba recuperando prestigio internacional. Ahora que las encuestas lo han “abandonado” y lo colocan en tercer lugar, el Sr. López no deja de decir que los resultados se encuentran manipulados por los medios comprados por el PRI, como ya señalamos antes.

Hasta ahora, es más que evidente (y no hay peor ciego que el que no quiere ver) que el Sr. López no es la “blanca paloma” que mucha gente se empeña en alabar y en restregar en la cara de los que no compartimos su opinión, pero además, es una persona con una severa sed de poder que está dispuesta a destruirlo todo con tal de lograr su cometido. El plantón sobre la avenida Paseo de la Reforma en el 2006 dejó daños graves en el mobiliario urbano de la zona, en la que el mismo Sr. López invirtió más de 260 millones de pesos para remodelar 2 años antes y que costaron 30 millones más en reparar (según datos del mismo GDF), además de las incontables personas que perdieron sus negocios o empleos a causa del bloqueo del tránsito vehicular y peatonal en la zona. También hay que señalar las pérdidas por 63 millones de pesos en daños que reportó PEMEX luego de la toma de pozos petroleros en Tabasco que encabezó el Sr. López en 1996 y que además causaron el arresto de más de 50 integrantes de su movimiento, que enfrentaron sentencias de 2 hasta 20 años de prisión, mientras que él y sus colaboradores más cercanos lograron huir y quienes nunca han respondido por los delitos cometidos. Yo creo que a la hora de pedirle cuentas al Sr. López sobre esto, como siempre, dirá que “es un complot” y no asumirá ninguna responsabilidad que al final terminaron pagando otros.

El Sr. López aparentemente cambió su postura con su “movimiento de regeneración nacional” y su “república amorosa”, pero la realidad es que no ha cambiado su discurso que sólo divide más a la población para debilitarnos como país. Otra cosa en la que ha sido consistente es en culpar a otros de los infortunios que suceden a su alrededor y de señalar los errores de administraciones pasadas sin resaltar cómo habría manejado la situación si él tuviera que resolverla, y sin tomar las responsabilidades que como dirigente de un grupo o gobierno debería de asumir. Así como dicen que hay que razonar el voto por Peña Nieto, ¿no creen que este también hay que razonarlo detenidamente?

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