El país de no pasa nada…

Qué tal, ya no ha pasado tanto tiempo desde la última vez que escribí así que alégrense (o entristézcanse, como les acomode, jaja).

Como comenté en mi última entrega, recientemente fui diagnosticado con el síndrome de Asperger, el cual entre muchas de sus características se menciona la “honestidad brutal” de las personas que lo padecen. Justamente el día de hoy estaba leyendo este artículo y me llamó la atención este párrafo:

Ciertamente, he conocido a varios que han aplicado rigurosamente el código de conducta de un departamento gubernamental, organización o empresa, e informaron sobre los vicios y la corrupción dentro de estos. Posteriormente, ellos se han decepcionado que la organización, los gerentes, lideres y colegas no los hayan apoyado y esto puede llevar a la desilusión y depresión.

Y vaya que es deprimente. Hace unos meses, en julio para ser exactos, su servidor iba a formar parte de una exposición de Playmobil en el “Museo” del Juguete Antiguo (que honestamente debería llamarse el “Chiquero” en lugar de “Museo” porque todo está amontonado y sucio en una serie de edificios que en los 60’s eran oficinas y departamentos y que parece que quedaron abandonados muchos años y ahora ahí se concentra esta colección), pero debido a la pésima organización del personal y a que el señor dueño del museo, un japonés que ya ni recuerdo su nombre, en lugar de disculparse o enmendar el error se puso en una actitud prepotente e incluso me insultó y faltó al respeto, decidí abandonarla para evitar que ganara dinero a costa mía cuando no se lo merece.

Cuando tomé esta decisión, y a pesar de haberles comunicado tal cual la situación con este señor y sus palabras, mis compañeros decidieron hacer caso omiso y sólo otros 2 expositores decidieron apoyarme y quitar sus cosas de igual manera. Total, a ellos qué les importa y como a ellos no los insultaron, ni les constaba, pues decidieron quedarse ahí. Es increíble la actitud de las personas de no tomar en serio estas situaciones, y prefieren seguir sometidos o de “lamebotas” (por no decirles más feo) con tal de que les beneficie, ya sea en un reconocimiento o para obtener alguna otra cosa de su interés.

Fue muy desilusionante el no tener el apoyo de personas que en su momento consideraste como amigos, pero pues me ha pasado tantas veces que la verdad ya ni me sorprende.

Otro caso ocurrió apenas este mes en el que su servidor acudió a un viaje a Ixtapa (primera vez que voy a la playa en 19 años) para una evaluación de Salvamento y Seguridad Acuática, que es un curso que estaba tomando para complementar lo que he aprendido de natación. Ocurrió una situación incómoda en donde incluso puede ocurrir una tragedia por ser un descuido imperdonable, donde nuevamente una persona (Samuel Ríos Mena) que se cree superior sólo por ostentar un determinado cargo (director de operaciones, con razón la logística y organización de los eventos está de la fregada) y en lugar de tener una actitud de servicio acorde a los principios de la institución que representa (YMCA), no reconoció su error ni se disculpó e igualmente con una actitud muy prepotente le valió queso lo que se le reclamó y me dijo que le hiciera como quisiera, total, ahora en estos días me he dado cuenta que el nepotismo y la corrupción también abunda en esta institución supuestamente servicial y humanitaria y nadie en las oficinas, ni el secretario general, me han querido hacer caso al respecto. En su momento solicité el apoyo de mis compañeros que también fueron afectados por este descuido, pero igualmente, me tiraron de loco y que ya dejara las cosas como están.

Efectivamente, he comprobado que en este país, por mucho que la gente ponga sus “hashtags” ridículos en redes sociales, sus caricaturas políticas y sus manifestaciones que más bien obedecen a intereses de unos cuantos que detentan el poder en lugar de los intereses de la gente, realmente a un buen número de sus habitantes no les importa lo que pase. “Así está bien”.

Pues si, ya mejor ni me tomo la molestia. Como dije hace rato, si a la sociedad le gusta la podredumbre, pues que se pudran también.

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